Rescatistas “La esperanza no hay que perderla”
Hace tres días la tierra tembló con violencia en Venezuela.
Dos terremotos seguidos de intensidad 7,2 y 7,4 mecieron con violencia a la
población y muchas casas y edificios o se rajaron o se vinieron abajo. Según
cuentan hay barrios y zonas residenciales completamente destruidos. La zona
próxima al mar parece que fue una de las más afectadas ya que la marea se llevó
a mucha gente y son numerosos los desaparecidos.
A lo largo de mi vida desafortunadamente he experimentado en
distintos sitios temblores y terremotos, en Perú, Ecuador, Israel y en Rumania.
Cuando era pequeña hubo un temblor en la sierra central del Perú en un pueblo
llamado Yungay, fue en 1970 y de intensidad 7,9 de la escala de Richter. Duró
45 segundos, pero provocó el desprendimiento de rocas y hielo del nevado
Huascarán. A continuación, se desbordó el río y arrasó con todo ese pueblo que
desapareció cubierto por barro.
A fines de los sesenta hubo en Lima un terremoto de intensidad
8,1. Su epicentro fue en el mar frente a la costa limeña. Caían los cristales de los edificios y estos
se balanceaban como si fueran de papel. Al ser zona sísmica muchas de las
construcciones están hechas para soportar la sacudida de la tierra, pero eso
sirve hasta cierto punto, y parece que hubo partes de la ciudad en las que se
veían grietas tan grandes como en esta oportunidad nos han mostrado de
Venezuela.
Cuentan los cronistas que en el año 1655, hubo un terremoto
de gran intensidad en Lima y maremoto en el puerto del Callao. La ciudad quedó
desbastada. Lo único que quedó en pie intacto, fue un muro de adobe en el
barrio humilde de Pachacamilla, donde un esclavo angolano había pintado la
imagen del Cristo crucificado. La gente estaba tan impresionada y afectada que
empezaron a hacer procesiones para ver la imagen y celebrar misas a pie del
muro, los viernes por la noche. Ante la protesta del párroco por dichas prácticas,
el Virrey convocó una comisión para estudiar el caso. Intentaron borrarla, pero
los encargados perdían el ímpetu una vez que estaban frente a la imagen. La
gente empezó a protestar a tal punto, que el Virrey revocó la orden y autorizó
el culto, mandó a construir una ermita y celebró la primera misa oficial el día
de la Exaltación de la Santa Cruz. En 1687, la ciudad nuevamente sufrió un violento
terremoto que duró 15 minutos y nuevamente la imagen del Cristo quedó incólume.
En 1746 Lima sufrió el terremoto más violento y se dice que cuando la gente
sacó al Cristo en procesión la tierra dejó de temblar. Desde entonces, cada mes
de octubre, el Cristo de Pachacamilla llamado el Señor de los Temblores o el Señor
de los Milagros sale en procesión por la ciudad que le tiene tanta devoción.
En momentos de grandes tragedias podemos ver las almas de las
personas. Muchas se vuelcan para ayudar desinteresadamente y otros aprovechan
las donaciones para sacar un beneficio personal. Yo prefiero enfocarme en lo positivo
que surge cuando pasa una tragedia: la solidaridad de personas anónimas, de
organizaciones humanitarias y la de los países.
Esta mañana he visto que muchos ciudadanos venezolanos residentes
en España se han organizado para reunir donaciones de todo tipo desde alimentos
no perecederos, ropa medicamentos y hasta un generador eléctrico y han
contactado bomberos voluntarios que han dejado sus puestos de trabajo,
solicitando una semana de vacaciones para ir al lugar de la tragedia. Supongo
que los miles de venezolanos que residen en el exterior están haciendo lo
mismo. En muchísimas ciudades de los Estados Unidos están haciendo colectas. Es
impresionante la solidaridad que están mostrando con su pueblo.
Los que han salido indemnes están llevando comida a los
lugares más afectados. Lo mismo están haciendo mi cuñada, mi hermano y su
familia que están preparando comida en su casa y empacándola para distribuirla.
Admiro su respuesta.
Por su parte, muchos países están enviando ayuda oficial,
rescatistas y perros entrenados para estas labores. España envió un avión de la
fuerza aérea con 59 efectivos, 2 ingenieros del Ejército de tierra y ocho
unidades caninas para apoyar a las autoridades venezolanas en las tareas de
búsqueda y rescate.
Se inicia haciendo una tarea de comprobación en la zona y se
intenta averiguar si hay personas con vida. En ese caso se envía a los perros
de rescate y se aplica el conocimiento técnico. Lo importante es ganarle al
tiempo. Cada hora cuenta para encontrar personas con vida.
La UME, la Unidad Militar de Emergencias española, cuenta con
gran experiencia porque también han asistido en terremotos en Turquía, Méjico y
Marruecos entre otros desastres. “Sigue habiendo esperanza” es su lema. Uno de
ellos contó que en una ocasión, después de cinco días tuvieron la satisfacción
de rescatar gente con vida. “Siempre vamos a trabajar como si hubiera victimas
vivas”.
Los rescatistas locales que improvisan con palas y picos se
han unido a los equipos internacionales de más de 25 países. Perú ha enviado 40
bomberos, Argentina 24 brigadistas de la infantería de marina, Colombia envío 2
aviones con insumos y 63 rescatistas, India envio 35 toneladas de ayuda básica,
medicamentos y un hospital de campaña y así podemos seguir enumerando la
contribución solidaria de muchos países.
Adicionalmente, 163 rescatistas y bomberos de seis
Comunidades Autónomas españolas han viajado hoy en un avión fletado por Iberia.
Hasta el momento ya suman más de 1600 los rescatistas y voluntarios
internacionales.
Va a ser un trabajo duro y a la vez loable participar en el
rescate de tantas víctimas y de fallecidos. Una demostración que cuando pasan estas
tragedias las personas están a las alturas de las circunstancias. Una luz de
esperanza, hoy rescataron a un bebé recién nacido y al poco rato a la madre.
Vendrán las enfermedades, y las epidemias… el momento de
curar las heridas y recordar a los seres queridos que ya no están… de hacer un
balance …y de esperanza, y de dar paso a la reconstrucción de un país con un
espíritu luchador y grande.
@Carola Velásquez
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